2026-04-01

Marzo fue un mes raro acá en el blog. Publiqué siete posts técnicos en tres semanas, todos sobre herramientas: tmux, Warp, Makefile, WSL, alias de Git, AMI en AWS, detector de malware. Fue el mes más productivo que el blog tuvo, al menos en volumen.
El 31 cerré la laptop, me fui a dormir y me desperté con una pregunta incómoda: escribí siete guías de productividad, pero ¿soy más productiva que en febrero?
La respuesta, después de 40 minutos haciendo café y mirando la pared, fue no.
Este post es sobre lo que pasó al día siguiente.
Abrí la laptop y pasé una hora solo mirando la pantalla inicial de macOS. Conté las cosas que estaban corriendo en background:
Pasé todo marzo escribiendo sobre cómo usar esas herramientas mejor. Y la pregunta que me trabó fue: ¿por qué necesito todo esto para escribir un for loop?
Cerré la laptop de nuevo.
El lunes 1 de abril hice la cosa más radical que hice en 15 años de carrera: abrí la terminal y corrí, en este orden:
brew uninstall tmux
brew uninstall --cask warp
brew uninstall --cask goland
brew uninstall --cask webstorm
brew uninstall --cask docker
rm -rf ~/.oh-my-zsh
rm -rf ~/.tmux.conf
rm -rf ~/.config/karabiner
rm -rf ~/.config/raycast
rm -rf ~/.ssh/config
El último fue el que más dolió. Mi ~/.ssh/config tenía 84 líneas de alias para bastion, túnel, port-forward. Todo al tacho.
Después fui a Chrome y cerré las 47 pestañas de una con Cmd + Shift + W. Cerré la cuenta de Copilot. Cancelé Claude Pro. Cancelé ChatGPT Plus. Cancelé Cursor (que ni uso, pero estaba ahí, cobrando 20 dólares por mes).
Mi dock quedó con tres íconos: Finder, Safari y TextEdit.
Esta es la parte que va a doler a quienes leyeron mi post sobre Warp y mi guía completa sobre tmux. Mis disculpas sinceras.
Mi setup actual es:
Y una cosa que pensé que nunca iba a hacer: volví a imprimir documentación en papel. Compré una multifunción en la librería de la esquina.
Fueron difíciles. Intenté correr tm (mi alias para tmux new-session) unas 30 veces. Intenté abrir la paleta de Raycast con Cmd + Espacio y caí en Spotlight (que, por cierto, está buenísimo, me había olvidado). Intenté autocompletar un git checkout y bash simplemente… no autocompletó. Tuve que escribir feature/GH-2847-agregar-translation-key-en-taxonomias entero, letra por letra.
El segundo día escribí una función en Go sin que Copilot sugiriera nada. Tardé 14 minutos en una función de 22 líneas. Con mi setup anterior, con Copilot + GoLand + gopls, habría terminado en 3 minutos.
Y acá es donde empieza a ponerse interesante.
Esa función de 14 minutos tenía cero bugs. La que hubiera escrito en 3 minutos con Copilot habría tenido, como mínimo, un err == nil en el lugar equivocado (a Copilot le encanta hacer eso), un defer que me habría olvidado de chequear y, probablemente, una goroutine sin context de cancelación.
Pasé el resto de la semana cronometrando. Los números están acá:
| Métrica | Marzo (con todo) | Abril (con nada) |
|---|---|---|
| Líneas de código por día | 480 | 92 |
| PRs abiertos en la semana | 11 | 2 |
| Bugs que volvieron en code review | 7 | 0 |
| Bugs en producción | 3 | 0 |
| Horas frente a la laptop | 9h30 | 5h20 |
| Commits diarios | 14 | 3 |
| Satisfacción subjetiva (1 a 10) | 5 | 9 |
Escribí menos código. Abrí menos PRs. Pasé menos tiempo frente a la laptop. Y entregué más valor que en cualquier semana de marzo.
Se sintió cómo el piso cedía debajo de los pies.
Pasé años evangelizando productividad vía herramienta. “Usá tmux, usá Warp, usá Copilot, usá Makefile, automatizá todo.” Los posts están ahí, podés leerlos. Yo creía (¿creo?) en cada palabra.
Pero hay una cosa de la que ninguna de esas guías habla: optimizar el setup es una forma sofisticada de procrastinación. Cada hora que pasé configurando un atajo nuevo en Karabiner, remapeando una tecla en tmux, tuneando el prompt de Oh My Zsh, fue una hora en la que no estaba escribiendo software que alguien iba a usar.
Peor: cada herramienta nueva trajo un costo cognitivo escondido. Copilot me hizo dejar de pensar antes de escribir. tmux me hizo abrir 9 ventanas cuando necesitaba 1. Warp me hizo scrollear el historial en vez de prestar atención al comando actual. Raycast me hizo confundir “lanzar una app” con “hacer trabajo”. Yo era rápida en todo, menos en lo que importaba.
El primer día sin ninguna herramienta fue el primer día en el que tuve que, de hecho, quedarme parada pensando antes de escribir. Y ahí es donde pasa el trabajo.
Después de una semana escribí un manifiesto personal, en un cuaderno físico (Moleskine negro, lápiz 2B). Lo reproduzco acá:
Si estás leyendo esto y sentiste un escalofrío, es porque sabés que tenés razón.
En los próximos 30 días voy a publicar una serie de posts sobre lo que estoy aprendiendo en esta transición. Los temas ya planificados:
Si querés seguir el viaje, suscribite al newsletter. Si no querés, también está bien, creo que entiendo.
Ah, sí. Hay una cosita que tengo que confesar antes de cerrar.
Escribí este post en WebStorm, con Copilot sugiriendo cuatro de cada cinco frases, corriendo en tmux dentro de Warp, con Docker Desktop consumiendo 8GB de RAM en background, Claude Code abierto en una sesión paralela generando ideas para esta broma, y Spotify tocando una playlist que Raycast abrió para mí.
Feliz primero de abril. Vuelvo el viernes con contenido de verdad, incluyendo la guía completa de GitHub Copilot en WebStorm.
Ah, y el Moleskine es real. Ese sí lo compré de verdad. Usalo para dibujar, no para escribir código.